Extraño verte

Extraño a mamá cuando estoy feliz, y la extraño porque ella era feliz cuando yo era feliz. Quiero que me sonría y sus ojos se llenen de luz por verme sonreír, quiero compartir con ella cuando estoy feliz.

Extraño a mamá cuando tengo hambre, lo hago porque desde que no está como lo mismo todas las semanas. A veces cocino como ella me enseñó pero me aburro, y cuando no recuerdo algo de la receta no tengo a quién preguntarle. La extraño porque no se me ocurrió escribir todo lo que me enseñaba en la cocina, pero mucho más porque me falto por aprender.

Extraño a mamá cuando quiero estar sola, era la única que sabía cuando algo no estaba bien en mí, ella me dejaba quedarme en silencio. Extraño que sea ella que me diga que sabe lo que tengo y me pasa que a veces ni yo mismo lo sé. Ojalá me hubiera enseñado a descubrirme en momentos así.

Extraño a mamá cuando viajo, nadie disfrutaba tanto el paisaje en carretera como ella ni tenía tantas historias que contar de todo sus viajes por el Ecuador, extraño que me recuerde todo lo que tiene la naturaleza y verla sonreír a personas y hacer amigos. Quiero que me explique una vez más cómo se llegaba a ese café que le gustaba ir y nunca aprendí como llegar.

Extraño a mamá cuando estoy triste, cuando tengo hambre, cuando me siento perdida, cuando enfermo, cuando no se que ropa ponerme, cuando quiero que alguien me despierte por la mañana, cuando me olvido de dormir temprano, la extraño cuando respiro. Pero mas extraño verla feliz porque yo estoy feliz.

Las mariposas en el estómago

¿Alguna vez has sentido mariposas en el estómago?

instagram/bebaferreira

¿Alguna vez has sentido mariposas en el estómago?, lo sé, la pregunta está de más, pero las respuesta que recibo cuando hago esta pregunta son muy interesantes y un tanto divertidas. Sentir mariposas en el estómago revoloteándolo y revolviéndolo, y es ese tipo de cosas que realmente nos pueden alegrar todo un día y hacernos feliz.

Yo siempre he sido de sentir las mariposas en mi estómago, y me gusta provocar que ellas se muevan entre sí. A veces imagino lo que deben de estar haciendo para moverse una contra otra, logrando que yo tenga mil sensaciones más. Son esas pequeñas cosas que te hacen sonreír estúpidamente todo el día.

Y te lo cuento, porque mi intención es que no esperes menos de mí, porque así como me gusta sentirlas también me gusta provocarlas, y soy muy buena logrando que te quedes sonriendo todo el día. Y es que porque no hacer feliz a alguien con algo tan simple como las mariposas en el estómago.

Creo también que hay una diferencia enorme entre estar enamorado o decir, siento mariposas en mi estómago cuando te veo, que prácticamente es lo mismo, pero en teoría son dos cosas diferentes, y la verdad, mejor que se queden así.

Entonces, ¿a dónde quiero llegar con todo esto?, ¿por qué mi interés en ocasionar que sonrías y hagas sonreír?, porque creo que en este mundo en el que nos cuesta admitir algo tan simple como el estar enamorados, podemos empezar por admitir que estamos sintiendo estas mariposas en el estómago y que se sienten bien.

Resiliencia

 

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Ser positiva, a pesar de las circunstancias, ¿y qué pasa cuando las circunstancias son más de lo que esperabas? aprendes, una, dos, tres, hasta cuatro veces.

La resiliencia para mí había llegado hace años atrás, en su momento lo entendí, lo acepté y me hice más fuerte. Pero hace 2 años pasó algo en mi vida tan doloroso que me costó ser -resiliente- me descolocó en ese “ahora”, y por un instante perdí algo de horizonte.

Y recordé todo, recordé tanto, de ese ser que me enseñó cómo sobrevivir las adversidades, cómo se levanta uno cuando siente dolor físico y mental, y luché de nuevo con esa situación, me salí de ese lago en el que por un instante pensé en meterme y ahogarme, me enfrenté a esta nueva vida que estaba frente a mi.

Hoy, después de esta pandemia que nos está afectando a todos, después de perder seres queridos y ver mucho dolor, me detengo un instante para aceptar la realidad, y ver esa palabra que dibujé en mi pierna hace años atrás, resiste.

De esto nos toca avanzar, crecer y desarrollarnos para enfrentarnos lo que nos ha dejado este virus, este es un momento difícil nada más, esto va a pasar y podremos salir adelante, y seguir luchando por esos sueños que pausamos, y volver con más fuerzas y más soñadores que nunca.

Día 62 de cuarentena, 10H00, mañana vuelvo a la oficina a trabajar.


 

Día 55 – Día de la madre

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Feliz día ma, ciela, graciela, eunice, mami, mamita, feliz día.

Hoy son 55 días de cuarentena y 2 años sin mamá, hoy puedo decir que ella fue el mejor ser humano que he conocido en mis 29 años de vida. Me enseñó tanto, y más, que ahora que no está entiendo tantas cosas.

A veces tengo miedo, porque siento que olvido su voz, que olvido la forma en que me llamaba, en que preguntaba por mí, en que arreglaba mi pelo al salir, por eso de que siempre voy despeinada; a veces siento que olvido la forma en que cocinaba para mi, luego cocino y recuerdo que lo aprendí de ella; a veces olvido como me veía y me repetía que era hermosa sin muchas pinturas en mi cara. A veces tengo miedo, olvidarla.

Y no porque en todos estos años no haya creado un vínculo hermoso, por ser su primera hija, y por ser lo más opuesto a mí y entender y respetarnos tanto; sino porque la mente que juega conmigo confunde su tono de voz, su aroma, su risa y los sonidos que hacía al caminar. Me asusta, porque pensar eso hace que detenga todo y recurra a la parte de mi cerebro que tiene toda esa información, porque para mí, es importante recordar.

A veces, la siento, pero en seguida despierto, y me encuentro con un dolor tan fuerte que desearía no despertar mas, esas mismas veces imagino que no hay sol y cierro mis ojos para soñar en ese lugar donde estaremos las dos.

La extraño.

La extraño tanto, y cada latido mío la recuerda; recuerda y a la vez olvida, porque no se le puede pedir mucho a esta mente que tiende a traicionar. A pesar de eso, gracias, porque siempre supiste que ibas a marcharte y me diste todas las herramientas para salir adelante, sin ti, aquí. Para enfrentar la vida, para entenderme y para amarme, tal cual soy. Gracias, porque desde chica me enseñaste a defenderme cuando otros no me entendía y criticaban mi forma de ser, gracias, por salir a defenderme cuando no sabía cómo hacerlo, y gracias porque hoy te entiendo ma.

Ma, te extraño.

Ma, ¿te veo pronto?

Ma, espérame…

Diseñadora gráfica

 

Hoy es el #Diadeldiseño y encerrada en casa trabajando desde mi laptop recordé todo lo que me trajo hasta aquí.

La mayoría asocia a un diseñador con lentes, música y apple. Y es que en verdad si amamos apple, macbook, iphone, todo lo que tenga la manzanita, y más que por la marca en sí es porque el diseño de apple es minimalista y funcional, y muchos de nosotros somos fanáticos de esto.

Hoy recordé mis días de estudios, entré a la universidad a mis 17 años, con muchas ideas locas en mi cabeza y con ganas de aprender. Y en mi universidad el método que usaban era “aprender haciendo”, la primera vez que escuché eso no entendí, pero a medida que pasaban horas en clases entendí mucho. Yo aprendí a hacer tipografía con papa, tallándola; aprendí a hacer packaging creando un empaque de papel para huevos y tirándolos desde el segundo piso, al tercer intento logré que ni un huevo se rompa.

Aprendí a hacer carteles con plastilina, con pintura y manos; entendí como plasmar una idea pintando toda una escuela, aprendí a armar conceptos y dibujarlos en zapatos, me enseñaron a leer, un montón. Todos los días había algo nuevo que leer, y escribir, me enseñaron a pensar, a crear, y a compartir.

Hoy, 27 de abril 2020, después de 10 años de ejercer mi profesión, puedo recordar mi primer diseño, mis errores, mis trabajos, los colegas, la amistad con los profesores, los amigos que me dejó la universidad y todo lo que me queda por aprender y hacer.

 

Día 36

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He tenido una semana muy difícil, hay cosas que pasan y uno calla. Pero si tengo que resaltar algo bueno de mí, es que soy de las personas que no se guarda nada, que si tiene que hablar, decir o pedir perdón lo hace, y soy buena para buscar ayuda. Eso lo aprendí desde chica, como así también entendí que eso no me hace débil, menos mujer o perdedora; sino mas bien, me ayuda a encontrar la manera de crecer y salir de ese estado.

Soy una mujer de 29 años super activa, trabajo 10 horas al día, hago ejercicios 4 veces a la semana, salgo los fines de semana con mis amigos de siempre. Amo los planes en casa, juegos de mesa, cocinar, tomar el café o una copita de vino. Esa soy yo -antes de- y lo digo porque quiero que sepas que no soy de ir a bares, discotecas, chat todo el día, conocer nueva gente o ser sedentaria; sino más disfruto con los míos siempre y busco hacer planes que nos mantengan juntos. No pienso mucho cuando se trata de viajar, sólo armo mi maleta y estoy lista para ir a dónde sea, con tal de conocer nuevos lugares. Amo mi país, con locura. Su gente, sus climas, sus comidas en todas sus regiones, amo fotografiarlo, y lo extraño tanto.

En esta cuarentena me he visto obligada a quedarme en casa, como todos. La verdad, no me siento deprimida, pero sí tengo ansiedad, menos de lo que imagina que podía tener en una situación como está -antes de- no sabía que era la ansiedad ni tener pesadillas que no recuerdo al despertar. Tengo mi trabajo, a los míos cerca, he perdido a familiares pero tengo la certeza que pronto nos veremos en un mejor lugar; tengo proyectos que estoy planeando para ver cómo ayudar con esto que se nos viene, tengo dudas y miedo.

Miedo, no de enfermarme, no de morir. Nunca he tenido miedo a esas cosas, más que pena por lo que tendría que pasar mi familia. Pero tengo miedo, un miedo causado por quienes gobiernan mi país, me siento estafada, engañada, siento que me han manipulado y han hecho conmigo lo que quieren. Siento que aunque me saqué la venda, me están apagando las luces que tengo para poder seguir. Me siento abandonada por los que se suponen deberían de cuidar de mi economía, de mi salud, de mi gente, de mis hermosas tierras, de mi montañas y playas. Estoy desilusionada, me duele.

Tengo impotencia, porque desde mi profesión no he podido hacer mucho, pero también entendí que desde mi posición, como ecuatoriana y como mujer he podido ayudar a los que más he podido, ya sea económicamente o dando palabras de aliento y amor. Y recibir lo mismo me llena de esperanza, porque entiendo qué a pesar de todo esto que estamos pasando ahí está mi hermosa gente dando la mano, gracias.

Estoy viviendo un día a la vez, estoy buscando no afanarme por el día de mañana, estoy entendiendo muchas cosas que me duelen, estoy al pendiente de mi familia, de mis amigos; estoy buscando cómo más ayudar. Pero sobre todo estoy reconociéndome y eso me gusta.

ESTOY -antes de- también estaba, pero definitivamente algo ha cambiado, y eso está bien