Día 36

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He tenido una semana muy difícil, hay cosas que pasan y uno calla. Pero si tengo que resaltar algo bueno de mí, es que soy de las personas que no se guarda nada, que si tiene que hablar, decir o pedir perdón lo hace, y soy buena para buscar ayuda. Eso lo aprendí desde chica, como así también entendí que eso no me hace débil, menos mujer o perdedora; sino mas bien, me ayuda a encontrar la manera de crecer y salir de ese estado.

Soy una mujer de 29 años super activa, trabajo 10 horas al día, hago ejercicios 4 veces a la semana, salgo los fines de semana con mis amigos de siempre. Amo los planes en casa, juegos de mesa, cocinar, tomar el café o una copita de vino. Esa soy yo -antes de- y lo digo porque quiero que sepas que no soy de ir a bares, discotecas, chat todo el día, conocer nueva gente o ser sedentaria; sino más disfruto con los míos siempre y busco hacer planes que nos mantengan juntos. No pienso mucho cuando se trata de viajar, sólo armo mi maleta y estoy lista para ir a dónde sea, con tal de conocer nuevos lugares. Amo mi país, con locura. Su gente, sus climas, sus comidas en todas sus regiones, amo fotografiarlo, y lo extraño tanto.

En esta cuarentena me he visto obligada a quedarme en casa, como todos. La verdad, no me siento deprimida, pero sí tengo ansiedad, menos de lo que imagina que podía tener en una situación como está -antes de- no sabía que era la ansiedad ni tener pesadillas que no recuerdo al despertar. Tengo mi trabajo, a los míos cerca, he perdido a familiares pero tengo la certeza que pronto nos veremos en un mejor lugar; tengo proyectos que estoy planeando para ver cómo ayudar con esto que se nos viene, tengo dudas y miedo.

Miedo, no de enfermarme, no de morir. Nunca he tenido miedo a esas cosas, más que pena por lo que tendría que pasar mi familia. Pero tengo miedo, un miedo causado por quienes gobiernan mi país, me siento estafada, engañada, siento que me han manipulado y han hecho conmigo lo que quieren. Siento que aunque me saqué la venda, me están apagando las luces que tengo para poder seguir. Me siento abandonada por los que se suponen deberían de cuidar de mi economía, de mi salud, de mi gente, de mis hermosas tierras, de mi montañas y playas. Estoy desilusionada, me duele.

Tengo impotencia, porque desde mi profesión no he podido hacer mucho, pero también entendí que desde mi posición, como ecuatoriana y como mujer he podido ayudar a los que más he podido, ya sea económicamente o dando palabras de aliento y amor. Y recibir lo mismo me llena de esperanza, porque entiendo qué a pesar de todo esto que estamos pasando ahí está mi hermosa gente dando la mano, gracias.

Estoy viviendo un día a la vez, estoy buscando no afanarme por el día de mañana, estoy entendiendo muchas cosas que me duelen, estoy al pendiente de mi familia, de mis amigos; estoy buscando cómo más ayudar. Pero sobre todo estoy reconociéndome y eso me gusta.

ESTOY -antes de- también estaba, pero definitivamente algo ha cambiado, y eso está bien

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