Recordar – te

 

Es una manera que aprendí a reconocer, a reconocerte, con los ojos cerrados y el corazón abierto; y siempre, dispuesta a escuchar. Así es como memorizo tu rostro, cuando pongo mis manos sobre él y empiezo a tocarte desde arriba, porque el cabello siempre me ha gustado y creo que es lo que hace que recuerde a una persona, juego con él y me dejas hacerlo, te miro.

Luego voy a tus cejas, del centro hacia afuera, las toco mientras me hablas y cuando dejas de hacerlo también, quiero sentir como se mueven cuando respiras o estas quieto y en silencio; luego tus pestañas, y pongo mi dedo frente a ellas para sentir como se mueven mientras pestañeas, sonríes, creo que te hago cosquillas; y me encanta esa media sonrisa que me lanzas. Vuelves al silencio, creo que te agrado.

También muerdo tus orejas, huelo tu cuello, te toco por el otro lado mientras recuesto mi cabeza sobre tu hombro, ¡que bonito hombro!, es fuerte. Pongo mis dedos en tu frente como si pudiera medir el ancho y largo, luego toco tu nariz y bajo mis dedos hacia tus mejillas; me encanta poner mis labios justo en ese hueco que se forma al terminar tu nariz, a veces también pongo la mía y sonrío porque simplemente hay muchas cosas que no puedo evitar hacerlas. Me dejas hacerlo sin preguntar, y me vuelves a mirar.

Toco tus hombros otra vez, e intento medir la distancia entre tu clavícula y tu cuello, veo tu tatuaje que siempre termina sobre mi, y me miras por verte así. Esquivo tus hombros, porque siempre voy directo a tu pecho, lo huelo; porque sé que olerte también me hará recordar. Recoges mi cabello porque se cae sobre tus ojos y lo vuelves a soltar, creo que intentas olerlo o algo así, pero siempre termino poniéndolo atrás.

También toco tus pies con los míos -están fríos lo sé-, pero me dejas abrazarte para entrar en calor, me recuesto sobre ti y al fin puedo dormir. Me tocas, y te esquivo porque tengo sueño, pero me gusta que me toques mientras me duermo. Muevo mi largo cabello otra vez para que no te moleste mientras duermes, me abrazas por detrás y te escucho mientras roncas, me arrullas.

Vuelvo a tus cejas, no puedo dejar de tocarlas y me miras porque sé que no entiendes porque las vuelvo a tocar, me tocas, y me miras a los ojos como si pudieras adivinar. Te ríes porque te pido que me abraces otra vez por detrás, te sueltas y te lo vuelvo a pedir, me abrazas y sé que sabes que así puedo dormir. La verdad es que te quiero; y no intento nada más que memorizar para poder recordar-te.

 

Siempre nos tendremos, siempre que logres recordar, recordarme.

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